Que las Oraciones, tengan vida

Jesús también pone aquí énfasis en la necesidad de que las oraciones tengan vida. La mera repetición de frases aprendidas, tal como hacen los loros, carece por completo de valor. Cuando estemos en oración debemos proponemos "sentir" la inspiración divina, poniéndonos en actitud receptiva (no negativa) hacia Dios.
No es malo repetir constantemente una frase; esto ayuda, aunque no se comprenda mucho su sentido
espiritual, con tal de que la repetición no se tome un acto puramente maquinal. Jesús mismo repitió tres veces las mismas palabras en los instantes de su agonía en el Huerto de los Olivos. Si alguna vez acontece que nuestro espíritu se embota mientras oramos, es mejor que nos detengamos, nos ocupemos en otra cosa durante algún tiempo, y volvamos después a orar con el espíritu vivificado.
Lo que es bueno ya existe eternamente por la Omnipresencia de Dios; no tenemos que crearlo. No obstante, hemos de ponerlo de manifiesto por medio de nuestra concepción personal de la Verdad. Este texto no significa que nos abstengamos de pedir por nuestras necesidades y problemas particulares. Ni tampoco, como lo creen algunos, que no debamos buscar más allá de la armonía general. De hacerlo así, los resultados de nuestro orar se distribuirán por igual en cada aspecto de nuestra vida, y la mejora en cada detalle particular puede ser tan pequeña que no merezca ser tenida en consideración. La actitud correcta es concentrar nuestro pensamiento en aquello que queremos ver realizado en el momento.
Es verdad que no debemos orar por cosas materiales en sí; pero cuando tengamos una necesidad, ya sea de dinero, pongamos por caso, o de empleo, o de una casa, o de un amigo, nos consideraremos a nosotros mismos, es decir, a nuestra alma en relación con aquella necesidad. Cuando hayamos orado lo suficiente como para llegar a una comprensión espiritual sobre aquel punto, la cosa necesitada aparecerá como una prueba de que nuestra parte se ha realizado. Llenemos el vacío de nuestros anhelos con el sentido del Amor de Dios, y las cosas que necesitemos aparecerán en nuestra vida como por encanto. Cuando hagamos nuestras oraciones, no tengamos temor de ser demasiado definidos, precisos y prácticos. El mismo Jesús era así. Nadie huyó más de la vaguedad o de lo indefinido que El. 

                                                                                                                                                  Emmet Fox

 "El Sermón de la Montaña. Emmet Fox"

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