Sobre resultados materiales

No se buscan los resultados materiales como el fin último; solamente importa la búsqueda de la Verdad. Y porque la Ley decreta que, tan pronto como se dé un paso adelante en ese camino, sigue automáticamente, un mejoramiento de las condiciones exteriores ese cambio mismo constituye la prueba tangible de nuestro cambio interior "el signo externo y visible de la gracia espiritual interior". El mundo concreto es entonces como
el indicador que nos permite saber lo que pasa dentro de una caldera. Por medio de las condiciones de nuestro mundo material podemos saber infaliblemente dónde estamos.
La razón verdadera para desear demostraciones es que son la prueba de que hemos logrado la comprensión.
No hay tal cosa como una comprensión espiritual que no sea demostrable en el plano material. Si queremos saber dónde estamos en el Camino de la Verdad, examinemos las condiciones exteriores en que nos encontramos, comenzando con el cuerpo mismo. No puede haber en el alma nada que, tarde o temprano, no se ponga de manifiesto en el mundo exterior, y no puede haber en el mundo exterior nada que no tenga su
correspondencia en el interior.
Tanto si es una prueba para nuestra propia alma, como para un maestro, para un libro o una iglesia, esta prueba es siempre sencilla directa e infalible:
¿Es beneficioso? ¿Cuáles son sus frutos? Porque "por sus frutos los conoceréis."
No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la
voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre
tuyo lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Yo entonces les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad.
(MATEO VII, 21-24)
El género humano es lento en reconocer que no hay otro modo de salvación que cambiar la conciencia, lo que significa tratar de hacer la Voluntad de Dios constantemente en cada aspecto de la vida. Todos queremos hacer Su Voluntad algunas veces y en ciertas cosas; pero mientras que no estemos listos para hacerla en
todas las cosas, grandes o pequeñas. -una dedicación total de uno mismo, de hecho- no obtendremos más que resultados parciales. Mientras que permitamos que una cosa secundaria se interponga entre nosotros y la Causa Primordial, no seremos salvados. "No hay paz alguna para el alma que mantiene la sombra de una mentira" dijo George Meredith.
He aquí un peligro extraordinariamente sutil. Tan pronto como lo hemos evitado en un lado, nos ataca por otro lado. Exige una vigilancia incesante, un valor casi heroico. Nada es más cierto en la vida del alma que el precio de la libertad es una eterna vigilancia. No debemos permitir que ninguna consideración, ninguna institución, ninguna organización, ningún libro, ningún hombre o ninguna mujer se interponga entre nosotros y nuestra búsqueda de Dios.
De, "El Sermón de la Montaña. Emmet Fox"